El amor a dios es lo más importante para una vida sana y saludable

Cada vez son más los estudios
e investigaciones que concluyen que la gente que tiene una fe determinada -cualquiera que sea- y que vive una vida espiritual o religiosa intensa, tienden a tener una vida más larga, enferman menos y se recuperan antes, además de que experimentan menos estrés y ansiedad en las dificultades y especialmente en las situaciones críticas (la muerte de personas queridas, accidentes, dramas familiares, pérdida del trabajo, divorcios, etc.). Estos hechos -aparentemente- se han utilizado como argumento para los más diversos objetivos, y no siempre clasificables bajo la categoría de "sanos". Desde el proselitismo religioso hasta la manipulación y la culpabilización de las personas enfermas.


Sin embargo, merece la pena frenar un momento el impulso que nos haría rechazar de plano estas afirmaciones -cuando provienen de sectores fanáticos y manipuladores- y prestar atención a qué situaciones emocionales o normas de vida intervienen en el bienestar personal y en la salud en general.
El epidemiologista Jeff Levin se ha tomado la molestia de analizar los procesos que aparentemente inducen a una vida más larga y saludable, de acuerdo a estas investigaciones, y los ha recogido en su libro "God, Faith and Health: Exploring the Spirituality-Healing Connection" (Dios, fe y salud: analizando la conexión entre espiritualidad y curación".